“The Artist”, puro cine, sin palabras
19 de Marzo de 2012
He de reconocer que dedicándome a las letras, nunca pensé que una película muda conseguiría quedarme sin palabras, pero The Artist, la gran triunfadora de los Oscars 2012 lo ha conseguido.
Sin efectos, sin intrigas, sin un argumento demasiado original, esta película muda te lleva al fondo de los sentimientos, a la calma vestida de elegancia y añoranza por aquellas décadas de los orígenes del cine.
No se trata de ritmo, ni de acción, tampoco interesan los escenarios. Sin artificios, los gestos y las miradas hilan esta tragicomedia y consiguen que salgas del cine con una sensación positiva y relajada.
Le desconocía por completo, Hazanavicus no es un director de masas precisamente. En los Oscars dijo hasta en tres ocasiones “Quiero dar las gracias a Billy Wilder”, y aunque todavía no sabemos si el alumno alcanzará al maestro (cosa complicada), desde luego que esos toques cómicos, rozando la ironía recuerdan películas como “El Gran Carnaval”, de Wilder.
El hecho de que se haya alzado con los principales Oscars demuestra la autocrítica de las grandes estrellas de Hollywood, concediendo el trono a auténticos desconocidos sin la bandera norteamericana. ¿Esta autocrítica la entenderán las grandes productoras de cine comercial? En pleno apogeo del 3D, resulta surrealista pensar en cine mudo en blanco y negro.
Era un completo desconocido, al menos para mi escasa cultura cinematográfica.
Jean Dujardin, o vestido en blanco y negro, George Valentin me ha hecho recordar que a veces, una imagen vale más que mil palabras; y si a un actor le despojas del diálogo, de la acción, los extras y el decorado y te sigue transmitiendo, entonces es eso, un artista merecedor de un Oscar.
Mención especial merece el perro. ¡Qué genio!. Si la actuación de Dujardin merece un 10, la mitad se lo debe a este fiel amigo. Da el punto cómico en las primeras escenas y los tintes de tragicomedia en los últimos minutos.
En la época que estamos pasando, se lleva lo retro. Cuando todo se desmorona tiendes a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Este film transmite esperanza. Te hace añorar tiempos gloriosos, pero recuerda que en todos los espacios históricos hay momentos de decadencia, de caída hasta lo más hondo. The Artist nos recuerda que siempre queda espacio para la esperanza y la dulzura. Esa sensación que te hace dibujar en el rostro una tímida sonrisa al levantarte de la butaca. Algo tremendamente complejo que The Artist consigue con simple elegancia.